¿Sabías que las 8 horas laborales se ganaron luchando?
Primero de Mayo:
Hubo un tiempo en que la jornada era interminable.
Pero un grupo de valientes alzó la voz:
8 horas para trabajar, 8 para descansar y 8 para vivir.
Marcharon. Resistieron. Murieron.
Hoy es un derecho…
Ayer fue una batalla.
La sangre que hizo posible nuestras ocho horas.
No siempre fue un derecho.
Hubo un tiempo en que pedir ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso y ocho horas para vivir… era un acto revolucionario.
Todo comenzó el 1 de mayo de 1886 en Chicago, cuando más de 340.000 trabajadores se movilizaron en huelga general para exigir la jornada laboral de ocho horas.
En la fábrica McCormick, la tensión estalló.
La policía abrió fuego. Hubo muertos. Hubo heridos.
El anarquista August Spies fue el último en tomar la palabra aquel día.
Y, aunque su discurso fue pacífico, lo que vino después fue brutal.
El 4 de mayo, se organizó una protesta contra la violencia policial en Haymarket Square.
Entonces, alguien lanzó una bomba.
Siete policías murieron.
La represión no tardó: detenciones arbitrarias, torturas y juicios sin pruebas.
Ocho obreros anarquistas fueron condenados:
August Spies, Albert Parsons, Adolf Fischer, George Engel, Samuel Fielden, Oscar Neebe, Michael Schwab y Louis Lingg.
El juicio fue una farsa.
Cuatro de ellos fueron ahorcados el 11 de noviembre de 1887.
Lingg apareció muerto en su celda.
Los otros tres fueron perdonados años después, cuando ya era demasiado tarde.
Durante el proceso, Louis Lingg exclamó:
"Desprecio su orden, sus leyes, su autoridad apuntalada por la fuerza. ¡Ahórquenme por ello!"
Y antes de morir, Albert Parsons dejó un grito que aún resuena en cada Primero de Mayo:
"Let the voice of the people be heard!"
(¡Dejad que se escuche la voz del pueblo!)
En 1889, en París, la Segunda Internacional Socialista instituyó el Día Internacional de los Trabajadores en su honor.
Hoy lo celebramos.
Pero nunca olvidemos: nuestro descanso se escribió con sangre.

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