Tu identidad no depende de cuántas personas estén de acuerdo contigo.
Vivir buscando aprobación puede hacerte olvidar una verdad importante: tu identidad no depende de cuántas personas estén de acuerdo contigo. Seguir a Cristo también significa aprender a discernir qué voces merecen gobernar nuestro corazón. Habrá opiniones que no comprenderán tus decisiones, etapas que otros no entenderán y caminos que tendrás que recorrer con humildad y firmeza. Eso no significa despreciar a los demás, sino recordar que agradar a todos no es el propósito de nuestra vida. La Escritura dice: “Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.” — Gálatas 1:10 Tu propósito en Cristo no consiste en recibir aprobación constante, sino en caminar con fidelidad, sabiduría y un corazón dispuesto a obedecer a Dios. No necesitas vivir atrapado entre expectativas ajenas; puedes aprender a avanzar con paz, dejando que tu fe oriente tus decisiones