LA ÚLTIMA SEMANA DE JESÚS.
La última semana de Jesús de Nazaret no fue una semana cualquiera… fue una semana que lo cambió todo. Y si la miramos bien, tiene mucho para decirle a los jóvenes de hoy. Jesús entró a la ciudad como Rey, pero no como muchos esperaban: no vino con poder humano, sino con humildad. Mientras todos gritaban “¡Hosanna!”, pocos entendían que ese mismo Rey iba camino a la cruz. A veces nosotros también queremos seguir a Jesús cuando todo es alegría, pero nos cuesta cuando el camino implica renunciar, esperar o mantenernos firmes en medio de la presión. En esa semana, Jesús fue traicionado, rechazado, incomprendido… incluso por personas cercanas como Judas Iscariote y Pedro. Esto nos muestra algo muy real: no todos los que están cerca van a permanecer, y no todos van a entender tu fe. Pero aun así, Jesús no retrocedió. También vemos a Jesús en momentos de profunda angustia, orando y diciendo: “Padre, si es posible, pasa de mí esta copa… pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya...