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🧱 Enseñanza para jóvenes: “Solo una vez… puede ser el comienzo de todo”

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  Qué fuerte imagen… 🔥 Un solo “pecado” parece pequeño, pero puede derribar toda una vida. El joven de la imagen dice: “Solamente será una vez, ¿qué me podría pasar?” Esa es la frase más peligrosa que existe. El pecado nunca se presenta como algo grande. No dice: “Voy a destruir tu futuro”. Dice: “No pasa nada… probá.” Pero lo que parece una ficha pequeña… termina siendo una cadena completa.   ⚠️ 1. El pecado siempre promete poco y cobra mucho Una mentira pequeña puede romper una confianza grande. Un mensaje “inocente” puede destruir una relación. Una decisión impulsiva puede marcar años. El enemigo trabaja así: Minimiza la decisión. Esconde las consecuencias. Endulza el momento. Oculta el impacto. 🧠 2. “Solo una vez” forma un hábito Nadie planea volverse adicto. Nadie planea arruinar su testimonio. Nadie planea alejarse de Dios. Pero todo comienza con: “Solo una vez.” Y esa ficha que empujás hoy, mañana empuja otra. 🔥 3. La ...

“AVIVA EL FUEGO DEL DON QUE HAY EN TI”

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(2 Timoteo 1:6–7) El apóstol Pablo le escribe a su hijo espiritual, Timoteo con una exhortación directa:  “Aviva el fuego del don de Dios que está en ti…” La palabra griega usada es anazopyreo, que significa reavivar, soplar las brasas, mantener encendida la llama. Pablo compara el don de Dios con un fuego que, si no se alimenta, puede apagarse.  1. El don es de Dios, pero el avivamiento es tu responsabilidad. Dios enciende la llama… pero tú decides si la mantienes viva o la dejas convertirse en cenizas.  2. No es espíritu de cobardía. “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” El miedo, la timidez o la inseguridad no vienen de Dios. Él te capacitó con poder, carácter y equilibrio.  3. Avivarlo requiere acción. No es pasividad, es disciplina espiritual: • Oración constante  • Permanecer en la Palabra  • Usar el don sirviendo a otros  • No avergonzarse del evangelio   Mensaje confrontativo: M...

Las pruebas no llegan para destruirnos, sino para formarnos.

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La prueba es como el fuego al oro: revela lo que hay dentro. Cuando todo va bien, es fácil decir “confío en Dios”. Pero cuando el camino se oscurece, ahí se revela la verdadera fe. La prueba produce paciencia. La paciencia no es simplemente “esperar”, sino aprender a permanecer firme sin rendirse, sin amargarse y sin perder la confianza. Es la capacidad de sostener la fe mientras Dios trabaja en silencio. La paciencia nos perfecciona. No significa que nos hace perfectos sin errores, sino maduros. La paciencia pule el carácter, quebranta el orgullo, fortalece la fe y nos hace más parecidos a Cristo. Muchos quieren la promesa, pero pocos aceptan el proceso. Sin proceso no hay crecimiento. Sin presión no hay formación. Dios no desperdicia tus lágrimas. Cada prueba está construyendo algo eterno en vos. Tal vez hoy estás en medio de una situación difícil. No la veas como castigo. Mírala como taller. Dios está trabajando en tu carácter, en tu fe y en tu esperanza. Porque después de la pacien...