🟢👉“Aunque mis fuerzas fallen, tu amor me sostiene cada día.”
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Hay momentos en los que el cuerpo se cansa, el ánimo se agota y el corazón ya no sabe de dónde sacar fuerzas. La vida, con sus cargas, pruebas y silencios, nos recuerda que somos frágiles. Pero ahí aparece una certeza más fuerte que el cansancio: el amor de Dios no depende de nuestras fuerzas.
Cuando fallan las fuerzas, solemos pensar que todo debería detenerse. Sin embargo, el amor de Dios no se detiene ni se debilita. No nos sostiene porque seamos fuertes, sino porque Él es fiel. Su amor no es ocasional ni condicionado; es diario, constante, renovador.
Cada día que seguimos de pie, aun con lágrimas, dudas o debilidad, es evidencia de ese amor que carga lo que ya no podemos cargar. No es nuestra resistencia la que nos mantiene, sino Su gracia. Como dice la Escritura: “Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Co 12:9).
Cuando ya no puedes avanzar con tus propias fuerzas, descansa en esta verdad:
no estás sostenido por tu capacidad, sino por Su amor. Y ese amor nunca falla, nunca se cansa y nunca te suelta. 💛
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