El desierto revela lo que llevamos dentro.
Hay
temporadas en las que el camino se siente demasiado largo, las respuestas
parecen tardar y uno comienza a preguntarse por qué tiene que atravesar ciertas
etapas. ![]()
Pero no todo lugar
difícil significa abandono, ni toda espera significa que algo salió mal.
En la
Biblia, el desierto fue escenario de aprendizaje, dependencia y transformación.
Allí, Moisés pasó años antes de regresar a Egipto; Israel atravesó un largo
camino antes de llegar a la tierra prometida, y Jesús también estuvo en el
desierto antes de comenzar su ministerio. ![]()
“Y te
acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos
cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que
había en tu corazón.” — Deuteronomio 8:2
El desierto
puede revelar lo que llevamos dentro, enseñarnos a valorar lo esencial y
mostrarnos capacidades que quizá nunca habíamos tenido que desarrollar.
No significa que
cada dificultad tenga una explicación inmediata, pero sí podemos atravesarla
aprendiendo, creciendo y conservando la fe.
Hay
procesos que no entendemos mientras los vivimos. Solo con el tiempo descubrimos
cuánto nos enseñaron.

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